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Cuatro reflexiones sobre el valor de la diversidad lingüística

paperllull.  Barcelona,  03/05/2020
M. CARME JUNYENT

La lingüista M. Carme Junyent, miembro del Grupo de Estudio de Lenguas Amenazadas de la Universidad de Barcelona, nos aporta reflexiones sobre el valor de la diversidad lingüística en este artículo.




1) La diversidad aporta conocimiento

La última actividad que hice antes del confinamiento fue un encuentro con tres grupos de alumnos de un instituto en las cercanías de Barcelona. Los alumnos habían preparado una serie de preguntas para hacerme, pero yo les propuse hacerles preguntas a ellos. En el primer grupo había alumnos que hablaban punjabí, uno que hablaba armenio y otro que hablaba bengalí. Les pedí que contaran hasta diez en sus lenguas. Enseguida se dieron cuenta que algunos dígitos eran claramente los mismos y, a partir de este descubrimiento, se dieron cuenta de que también se parecían a los del catalán, el castellano y el inglés. Una vez establecidos los vínculos entre estas lenguas, comenzaron a identificar correspondencias entre otras palabras.

En el segundo grupo había alumnos chinos. Les pedí que dijeran algunas palabras para comprobar el valor distintivo del tono. Los compañeros les pidieron otras palabras y uno preguntó cómo se dice semáforo en chino. Yo les pedí si podían traducirlo literalmente y uno dijo: "Es que no lo entenderán". Le dije que sí lo entenderían, y cuando dijo "rojo, verde, luz" pudimos hablar de cómo se forman nuevas palabras cuando todas las palabras son invariables. En el tercer grupo había alumnos marroquíes y una chica maltesa. Con ellos pudimos comprobar que muchas palabras que compartimos en catalán y castellano vienen del árabe y también que, mientras que el castellano generalmente conserva el artículo del árabe (albornoz, alcachofa, almacén), el catalán no lo hace (barnús, carxofa, magatzem), aunque, a veces, pasa al revés: berenjena, albergínia.

Si traslado esta experiencia a la lingüística, resulta que con el primer grupo hicimos una sesión de lingüística histórico-comparativa, con el segundo hablamos de morfología y tipología, y con el tercero de contacto de lenguas. Lo más importante, sin embargo, es que este conocimiento teórico surgió de las aportaciones de los alumnos, de su propio conocimiento y, especialmente, de su conocimiento de lenguas diversas. Esto, que pasó con alumnos de 15 años, pasa cada vez más a menudo con los universitarios, cada vez más políglotas y cada vez hablantes de lenguas más diversas. La diversidad lingüística en el aula ha hecho posible una nueva forma de aprendizaje donde el conocimiento no sólo circula entre iguales, sino en todas direcciones.

 

2) Sólo la diversidad garantiza la profundización en el conocimiento

El programa Erasmus fue concebido con el objetivo primordial de promover el intercambio de estudiantes, y se ha acabado convirtiendo en un agente del imperialismo lingüístico y en un procedimiento de segregación de alumnos. Todos pensábamos que, cuando nos decían que la diversidad lingüística de Europa es una riqueza, lo creían. A la hora de la verdad, sin embargo, resulta que el conocimiento de lengua que te exigen para ir a Portugal es el de inglés, que estudiantes italianos y catalanes se comunican entre ellos en inglés, que puedes hacer un Erasmus en Polonia o Grecia sin saber ni polaco ni griego y que muchas universidades ofrecen las mismas asignaturas en inglés y la lengua local, de manera que lo que han conseguido es que los alumnos Erasmus vayan a la clase en inglés y los otros en la lengua local y que raramente coincidan. Por no hablar de las asignaturas que se ofrecen sólo en inglés. Más allá de que este resultado va en contra de los principios fundacionales del programa, esta deriva demuestra una actitud muy extraña hacia el conocimiento en general. O ¿es que hay algún problema en aprender la lengua del lugar donde vivirás unos cuantos meses como mínimo? ¿Alguien entendería ir de visita a Londres y no ver el Big Ben? ¿O a París y no ver la torre Eiffel? Y, de ser así, ¿no pensaríamos todos que no había visto lo que había que ver? ¿Cómo es, pues, que aceptamos tan alegremente ir a una universidad de otro país para que nos den el mismo que nos dan en casa? La lengua local es una parte inseparable del intercambio y del proceso de aprendizaje, y prescindir de ellos, además de robar una parte importante de conocimiento, es un menosprecio a la cultura receptora promovido por instituciones que, además de la formación también han de tener como objetivo la educación.

 

3) La diversidad hace posible el intercambio

La traducción es uno de los instrumentos más eficaces en la preservación de la diversidad lingüística y también un elemento enriquecedor porque no sólo garantiza el intercambio cuando no hay una lengua común, sino que añade la mirada del traductor. Alguien en quien conviven al menos dos lenguas y que sabe como es la percepción de cada una. Es decir, un traductor añade diversidad a la diversidad. Es por eso que su trabajo no se acaba nunca, aunque sí que se haya acabado lo que traduce. Como decía Alexandra Grebennikov en la entrega del premio de traducción literaria, una obra permanece en el tiempo; su traducción, en cambio, puede cambiar cada vez. Esta revisión constante, esta mirada alternativa de la misma realidad, es algo que a menudo no tienen los hablantes de lenguas mayoritarias que, paradójicamente, traducen mucho menos. Un mercado grande que te permite sobrevivir sin los otros te puede dejar con una visión no sólo sesgada sino monolítica de la vida. El hablante de una lengua pequeña sabe que necesita a las otras lenguas no sólo para comunicarse sino porque es consciente de los límites de su mundo; el hablante de una lengua grande puede no necesitar otra lengua para comunicarse, pero tiene los mismos límites que todos sin saberlo. En su Diario de invierno, Paul Auster explica que, en la presentación de un libro suyo en Arles, Jean-Louis Trintignant lee la versión en francés y añade "Una lectura doble, tal como es costumbre en los países extranjeros en los que el público no es bilingüe". Parece que ni el hecho de vivir en la ciudad más cosmopolita del mundo te exime, primero, de ver la traducción como una anomalía y, segundo, de considerar que, donde no se habla inglés, no puedes ser bilingüe. Y lo peor es que esta mirada monolingüe contagia y cuando Salman Rushdie coedita con Elizabet West Mirrorwork: 50 Years of Indian Writing 1947-97, resulta que sólo se acuerda de los autores que escriben en inglés. Estos autores, que han sido traducidos a tantas lenguas, y que parece que ni se plantean que en aquellas lenguas también se pueden decir cosas interesantes.

 

4) La universidad necesita la diversidad para no someterse.

En los últimos años hemos ido viendo como muchas universidades han ido reduciendo e incluso eliminando la formación que ofrecían en segundas lenguas. En esta carrera enloquecida no para producir el mejor conocimiento sino para competir en lugar de cooperar, hay quien ha pensado que el conocimiento de lenguas era prescindible o, aún peor, que era un obstáculo a la hora de producir. Quizá tiene que ver que el conocimiento de lenguas y de la lingüística en general han ido ensimismado cada vez más. A poco que nos fijamos, veremos que, en el transcurso de la historia, las grandes aportaciones al conocimiento del lenguaje no son necesariamente de gramáticos o literatos (estos menudo han dicho muchos disparates), sino más bien de filósofos, lógicos, pedagogos , matemáticos, psicólogos, antropólogos, médicos, biólogos, historiadores... Es decir, autores que han nutrido su experiencia con el conocimiento de lenguas diversas. Que ahora se renuncie a esta tradición en nombre del impacto es algo que no puedo entender. ¿Qué impacto tienen los artículos que nadie lee porque es imposible acceder a todo lo que se publica en inglés? Si perdemos el conocimiento de otras lenguas, incluso el conocimiento del inglés puede quedar perjudicado por falta de perspectiva. Ahora que la globalización ha hecho de las universidades instituciones claramente plurilingües, con profesores y estudiantes de los orígenes más diversos, hay que potenciar más que nunca el conocimiento de lenguas. Esto hará posible hacer aflorar conocimiento de lo que sólo suele aparecer cuando hay contraste, dará profundidad al intercambio porque propiciará el encuentro entre aprendices y hablantes de lenguas diversas, garantizará la perpetuación de la tradición traductora, no nos dejará perder de vista que las cosas se pueden hacer de manera diferente y hará de las universidades instituciones realmente abiertas donde se valorará todo lo que pueden aportar sus miembros y donde se ofrecerá el conocimiento libre de sesgos etnocéntricos que, después de todo, son su peor enemigo.

 

M. Carme Junyent
Grup d’Estudi de Llengües Amenaçades
Universitat de Barcelona

 

 

 

«La lengua local es una parte inseparable del intercambio y del proceso de aprendizaje»

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